viernes, 21 de marzo de 2014

Las personas buenas

En la actualidad, vivimos en una sociedad en la que somos los que los demás ven de nosotros. No me refiero sólo a nuestra ropa o nuestro coche (lo cual siempre ha pasado), si no que se ha llegado a otros niveles, en los que parece que si no sacamos una foto de un lugar dónde hemos estado o de la hamburguesa que nos hemos comido, nada ha pasado, nada ha existido. Vivimos en un mundo virtual y, como tal, es mucho más fácil fingir ser otra persona. Por ejemplo, hacer creer a tus contactos que siempre vas maravillosa y maquillada y nunca llevas un moño y un pijama para estar en casa (con lo cómoda que se está). Vivmos en la época del "postureo", y lo acepto como tal, pero tiene que haber unos límites.

Todo esto lo comento porque hace un par de semanas me encontré un perro abandonado en la calle. La verdad es que, afortunadamente, es la primera vez que me pasa y, al darme cuenta de que el animal estaba solo, no me lo pensé e intenté ayudarlo. Era de noche y día de fiesta y estaba yo sola en la calle con el pobre perro. La Policía Local me comentó que los días de fiesta no recogen animales y las Protectoras no me cogían el teléfono. Desesperada, más que nada porque el perro era mínimamente obediente y estaba obsesionado con irse a la carretera, llamé a un amigo para que me dejara el teléfono de una conocida que recoge animales y que está continuamente compartiendo fotos de animales abandonados y martirizando a aquellos que no se vuelcan en su cuidado como ella. Básicamente me dijo que me buscase la vida, que ella no me podía ayudar en nada. Que lo llevase a un veterinario y que no llamase al Albergue, que allí los "eutanasian" al poco tiempo. Supongo que para ella era más bonito que lo atropellase un coche. Al ver que me quedaba sin opciones, ya que no tenía coche para llevar al animalito al veterinario y yo no podía acogerlo tampoco (sí, típico, pero desgraciadamente real), me tuve que ir. Me dio una pena muy grande, todos los días pensaba en que seguramente el perro había sido atropellado, que yo no pude ayudarlo... Incluso pasé un par de veces por el sitio para ver si lo veía. Pero nada. Cuatro días después del suceso, el amigo al que le pedí el número de teléfono me mandó un mensaje diciéndome que se lo comentó a una amiga y que ésta fue a buscar al perro, dio con él y ya tenía dueño y casa. No podía estar más contenta. No sé si queda feo decir que me quité un peso de encima, pero así fue como me sentí.

Así que, como todos los días (o al menos la mayoría), aprendí que las apariencias engañan hasta en cosas tan sumamente delicadas como son el maltrato animal, que no es oro todo lo que reluce pero, sobre todo, que en el mundo sigue habiendo personas buenas.

domingo, 19 de enero de 2014

Propósitos

¿Ya te apuntaste al gimnasio y dejaste de ir? ¿Comiste ensalada hasta el 3 de Enero y ya como que no? ¿Piensas "Bah, ya lo haré" con tus propósitos de Año Nuevo? ¿Sí? Entonces, ¡¿pa'qué los haces?! Y es que me da mucha rabia y jamás podré entender porqué la gente se propone cosas para empezar junto con el año. Está bien empezar cosas nuevas, modificar hábitos y rutinas, pero creo que cada uno debe hacerlo cuando lo ve adecuado o se siente preparado para ello. No tengo en cuenta el comienzo del año como una etapa nueva en mi vida, sino como una continuación de la misma (me pasé el día  31 de Diciembre estudiando la misma asignatura que retomé el día 1 de Enero). Los cambios son buenos y necesarios, pero que nos lo impongan de fuera no trae buenos resultados.

P.D. He sobrevivido al primer cuatrimestre de cuarto, aunque a niveles de estrés descomunales (véase que no escribo desde hace meses), ahora mismo estoy de exámenes, que los dioses se apiaden.

viernes, 27 de septiembre de 2013

Se acabó lo que sedaba

Sí, lo escribo todo junto. Y es que ya llevo un mes de clase que, después de dos meses de dormir hasta tarde y no tener preocupaciones, se me ha antojado bastante duro.

He empezado cuarto, que en mi facultad es el curso más duro. Es el curso en el que te encuentras con las asignaturas médico-quirúrgicas grandes e importantes. Cardiología, respiratorio, ginecología..., son algunos ejemplos de los gigantes a los que tengo que enfrentarme este año.

Empiezo el curso además agobiada: tengo parciales todos los lunes. Y ojo, que sí, que los parciales ayudan a llevar la materia al día y a aprobar la asignatura; pero teniendo en cuenta que son acumulativos, no liberatorios y de ginecología... Estoy un poco esclavizada.

Sin embargo, empiezo el curso con ánimos, con asignaturas y prácticas que me gustan y que me son medianamente útiles; y con un pensamiento esperanzador: ya he pasado el ecuador.

Aunque echo de menos mi cama...



viernes, 2 de agosto de 2013

La importancia de ir arreglado/a

Ana siempre ha vestido muy bien. Es una mujer muy sencilla, pero muy elegante, tiene una especie de don para la moda. Los zapatos le vuelven loca. Botas, tacones, sandalias; tiene tantos pares que ya ha perdido la cuenta. Ese día llevaba una sandalias azules, sencillas, que a su médico de cabecera le parecieron muy bonitas. No dudó en decírselo, y al mismo tiempo le preguntó qué era esa mancha que tenía en el empeine. "Ah, es un lunar que he tenido siempre, aunque en los últimos meses se ha puesto más feo". La doctora creyó que sería recomendable estudiarlo. "Melanoma in situ" (podríamos decir que un cáncer cogido a tiempo). Y de ahí la importancia del saber vestir...

lunes, 15 de julio de 2013

¡Estoy de vacaciones!

Pues sí, finalmente estoy de vacaciones. Y lo grito a los cuatro vientos porque este curso se me ha hecho eterno y al mismo tiempo se me ha pasado en un instante. Tercero ha sido el curso más duro hasta ahora (y lo que me queda), repleto de largas jornadas de estudio sin recompensa en algunas ocasiones. Cada año que pasa estudio más (si el curso pasado me iba a la biblioteca una media de cuatro horas, este curso el mínimo eran seis o siete) y eso me da miedo, ya que en mi facultad el peor cuatrimestre es el que viene ahora: el primer cuatrimestre de cuarto. Pero aún queda un mes y medio hasta eso, en el que me voy a dedicar a reponer fuerzas. Aunque empiezo las clases la segunda semana de septiembre, he de ponerme a estudiar a mediados de agosto, ya que gracias a lo bien que se organizan en mi facultad empiezo las prácticas antes que las clases. ¿Y cómo se come eso? Pues con papas, y con paciencia, porque no queda otro remedio.

¿Y qué hace una estudiante de medicina de vacaciones? Pues, lo primero de todo, dormir y desintoxicarse. Dormir por pura necesidad después de tanto estrés y desintoxicarse de las sustancias varias con las que nos dopamos (aunque mi adicción al café continúa en verano) y de todo el ambiente bibliotecario. Y es que los primeros días te despiertas y dices: "¿Pero qué hora es? ¿Qué me toca estudiar hoy?". Y resulta que es tarde y no tienes apuntes que estudiar, ni fecha de examen en el calendario, tras lo cual entras en una fase de vacío y desasosiego que culmina segundos después. Eres libre. Puedes leer, ir a la playa, ir al cine, salir de marcha, ver a tu familia y a tus amigos; y un largo etcétera. Aunque el mono siempre vuelve y, cuando menos te lo esperes, estarás viendo una reposición de Anatomía de Grey o de Cuerpos Embarazosos.

Y es que no aprendemos :)

sábado, 4 de mayo de 2013

No quiero ser dermatóloga

Eso es. No quiero ser dermatóloga, ni traumatóloga, ni mucho menos anatomopatóloga. No me atraen la Otorrinolaringología, la Cardiología o la Neumología. Y la Estomatología me da asquito. Tengo asumido que soy absolutamente de asignaturas clínicas, las quirúrgicas (menos Cirugía General, mira tú que cosas) me tiran para atrás. Y eso que yo antes no era así. Antes de entrar en la carrera, yo era de esas personas que ven las películas de terror gore tipo Saw comiéndose un filete de ternera poco hecho. Pero no contaba yo con que esas cosas huelen y yo soy muy sensible para los olores. Así que, después de mis primeras prácticas de Anatomía Humana, abandoné el consumo de jamón serrano y pata de cerdo, ya que el olor a formol se me venía a la cabeza cada vez que iba a comer. Con el tiempo, los manjares cárnicos se han ido reincorporando a mi vida, pero ahora el problema está cuando tengo las prácticas de alguna asignatura quirúrgica.

Entrar a las nueve de la mañana en un quirófano, habiendo desayunado a las seis, ya te condiciona, pero aún así es ver un chorrito de sangre y ya me suben los calores. Tengo la suerte de no haberme mareado nunca lo necesario como para perder la verticalidad, pero tampoco me he lavado y he ayudado en una operación, cosa que a día de hoy me veo incapaz de hacer. Una vez, una cirujana me preguntó en medio de la cirugía que si me gustaba como especialidad. Yo le dije que no, que me mareo en las operaciones; a lo que me contestó que qué clase de médico pretendía ser entonces. "Carnicera no, seguro", pensé para mis adentros, pero en alto en realidad dije: "me gustaría ser psiquiatra". Y en ese momento la doctora me miró y me metió en el cubo de los desperdicios.

Sí, quiero ser psiquiatra. Y odio que me tachen de friki y de loca cuando lo digo. Creo que es de las especialidades médicas a las que más jugo queda por sacar hoy en día, ya que existen muchísimas cosas que desconocemos. Muchos piensan que es la especialidad menos médica porque es la menos biológica, y yo pienso que se equivocan. Que sí, que hay muchos procesos mentales a los que no se les ha encontrado base biológica y que como el mismo proceso va a generar distintas formas de pensar y blablabla. Cuando no se conocía cómo funcionaba el páncreas, existía la diabetes, pero simplemente no sabíamos porqué se producía exactamente. Pues con el cerebro es lo mismo. Más complejo o más fácil, es un órgano más del cuerpo y sus enfermedades se producen a raíz de la alteración en sus células. Así que sí, se sabe poco y queda mucho por descubrir, y a por ello voy.

viernes, 26 de abril de 2013

La medicina es lo primero

Si estás leyendo esto y no estás relacionado con el mundo de la medicina puede que pienses que el título de esta entrada no es verdad. Si piensas estudiar medicina (o incluso si estás en primero o en segundo) estarás pensando para tus adentros: "chorradas, yo tengo una vida". Si estás en tercero o algún curso superior, siento decirte que te estás engañando a ti mismo/a.

Hay muchos estudiantes que se expresan diciendo: "estoy casado con la medicina", para referirse a que les ocupa mucho tiempo, pero más que como una unión matrimonial yo lo compararía con tener un hijo. Y ojo, que no he tenido ninguno, pero tan sólo con observar a mis padres, tíos, etc; se me hace clara la comparación.

Y es que cuando entras en la carrera eres consciente de ello, pero no del todo. Haces la prueba de acceso, la pasas y, de repente, estás matriculado. Transcurren unos meses plácidos hasta que llega el gran día y ¡PUM!, en un instante eres estudiante de medicina y tienes encima una responsabilidad que ni Spiderman. Los primeros días de clase vas conociendo a gente de cursos superiores y los ves como zombies neuróticos en los que "tú no te convertirás". Piensas que puedes seguir con tu vida normal (deportes, cursos de idiomas, actividades extraescolares y vida social en general), pero nada más lejos de la realidad, pasa un curso y tú, deportista marchoso, pesas diez kilos más y ni te apetece pisar una discoteca (miento, lo de las discotecas pasa más tarde). Primero te quedas una tarde en la facultad para hacer un trabajo y en menos tiempo del que te gustaría te ves que tienes un horario de ocho a ocho. Empiezas a faltar a la comida semanal en casa de los abuelos, luego a los cumpleaños y celebraciones varias, hasta que llega el momento en que tus padres te preguntan si te has independizado sin avisar previamente.

Y esto es así. Medicina son ojeras, insomnio y lágrimas resecas. Pero también es comer todos los días con los amigos, salir de la biblioteca porque te estás conteniendo la risa y la sonrisa de un paciente. Sí, yo lo compararía con tener un hijo. Porque es algo que es para siempre, y algo que aunque se lleve parte de tu vida anterior, completa una nueva; y cada pequeño triunfo que se consigue compensa todas las derrotas.

Por eso, se dan conversaciones así:

"- ¡Mañana es viernes!
- Los viernes ya no existen para mí...
- Bueno, puedes cambiar de vida. Puedes dejar la carrera y dedicarte a cualquier otra cosa, si ves que te cansa tanto. 
- No, no voy a hacer eso, me gusta lo que hago"

Así que sí, la Medicina es lo primero. Aunque no quieras, aunque no te des cuenta. Pero eso no quiere decir que sea nada malo, ni nada bueno. Simplemente, es lo primero.

jueves, 6 de diciembre de 2012

El día del examen

Todos nos hemos presentado alguna vez a un examen y es curioso como cada uno sigue su rutina e incluso sus rituales. Yo me presento a unos diez exámenes cada curso (suelen ser más), de asignaturas gorditas además, y siempre suelo hacer lo mismo.

La semana antes del examen es crucial, y he descubierto que si me pongo "a full" esos días, obtengo mejores resultados que estudiando poquito a poco durante más tiempo. Así que los días previos al examen suelo pasarme el día entero en la biblioteca, comiendo por la zona o almorzando temprano y bajando para quedarme hasta cerca de la medianoche.

Mi nivel de concentración en la prueba va creciendo poquito a poco, y es por eso que dos días antes del examen soy un zombie ojeroso que se comunica tan sólo para repetir fragmentos del temario y que sale de una oscura caverna para comer y ducharse. Durante esa semana previa, el día del examen es el fin del mundo, lo que pase el día después no parece interesarme e incluso llega un momento en que no lo recuerdo. 
Además, es curioso como se refleja la proximidad de un examen en nuestra vestimenta, y no lo digo sólo por mí, si no por mis compañeros. La semana antes del examen la estudiante va arreglada (voy a poner el ejemplo femenino) y, mientras transcurren los días, se puede observar como va dejando primero de maquillarse y luego de peinarse (el famoso moño pre-examen) y su vestimenta se va componiendo más de vaqueros y zapatos muy cómodos, hasta llegar al punto de plantearse ir en pijama o chándal (cada cuál peor) al examen. En los chicos es más sencillo, tan sólo hay que mirar la espesura de la barba. Y, por supuesto, la palidez del rostro, lo hundido de los ojos, y la longitud de las ojeras son signos que indican claramente cuándo va a acontecer el examen.

Llega el temido día. Desde hace bastante, me he dado cuenta que es mejor dormir bien la noche antes de la prueba (cosa que todo el mundo te recomienda y al final nunca haces), así que me acuesto temprano y duermo lo que creo necesario para descansar. Si el examen es por la mañana, me levanto con el tiempo justo para prepararme e ir hasta la facultad, repasando los puntos fundamentales por el camino. Siempre llego una hora antes por si las moscas. Si el examen es por la tarde, me levanto temprano y me encierro en la biblioteca hasta dos horas antes del mismo, como y no repaso, porque me pongo más nerviosa.

Suelo estar tranquila antes de los exámenes, soy un remanso absoluto de paz...hasta que falta media hora para empezar. Es como si me diera cuenta en ese momento de a qué me voy a enfrentar, es una especie de punto de no retorno, tras el cuál empiezo a hacer chorradas como dar grititos (¡Vamos a morir todos!), cantar y otras acciones por las cuáles un neuroléptico no me vendría mal.

Pero el momento llega, irremediablemente. Cojo aire, boli, lápiz y agua, y me meto en el aula. Cuando me siento, me doy cuenta que la suerte está echada y me digo a mí misma que por mucho que me ponga nerviosa, ya no hay nada más que hacer. Tras entregarme la hoja de examen, inspiro profundamente una vez más y me pongo a ello.

Unas veces sale bien y otras veces no tanto, pero la siesta que me hecho después de una semana en tensión no me la quita nadie.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Soy una vaga

Sí, lo que leen, soy una vaga. Y es que durante el curso escolar, me levanto a las 6:00 para estar en el hospital a las 8:00 para ir a prácticas (cuando podría estar a las 9:00 que es a la hora a la que la mayoría de mis profesores se dignan a aparecer) y estoy allí hasta las once. En ese momento tengo una hora y media para llegar hasta la facultad (que está a una hora del hospital ya sea en guagua o en coche) y comer. A las 12:30 tengo que meterme en clase hasta las 16:30. Cuatro horas que pueden ser de total provecho o que pueden no servir para nada (profesores que leen diapositivas o que ni siquiera aparecen por clase, etc). Cuando termino las clases vuelvo a mi casa, ceno (yes, sir) y me pongo a estudiar. Un par de veces a la semana me permito el lujo de malgastar mi tiempo en ir a hacer deporte y me cojo un día libre a la semana en el que no quiero ni oír hablar de la medicina. Y sí, vale, que sólo tengo mes y medio de prácticas; pero es que cuando no tengo que ir al hospital empleo mi tiempo "libre" de la mañana en estudiar. Así que, sin estar de exámenes, mi jornada de estudio va de las seis a las ocho horas.

Pues al Rector y al Consejo Social de mi Universidad le parece que esto no es estudiar y que como soy una vaga tengo que tener una Normativa de Permanencia para asegurarse de que saco todas las asignaturas año por año (cosa, que, en medicina, es imposible a partir de tercero). Por ejemplo, a partir de ahora sólo voy a poder coger diez asignaturas por año, no más. Es decir, ¿qué pasa si me queda una del curso pasado? No cojo una del curso siguiente. ¿Y qué pasa si no la recupero en Diciembre, por ejemplo? Que me quedo en la  carrera un curso más por una asignatura. Además, tendrán preferencia las asignaturas de cursos inferiores, así que, si tienes una asignatura que se atraviesa, reza y ya veremos. Otro aspecto importante, y sin duda el que más me duele de todos, es que, aunque no te presentes a un examen de una asignatura, correrá convocatoria. Es decir, yo no me presento a un examen, porque resulta que tengo tres exámenes en una semana (de asignaturas con apuntes de más de 500 páginas) y sólo tengo dos semanas para prepararme los tres, y me cuenta como suspenso. Pues bien vamos. 

Hablando el otro día con un compañero, me di cuenta de que varias personas de mi clase están desarrollando enfermedades causadas por el estrés y además, graves. Yo misma participé en un estudio el curso pasado (a final de curso) y una de las conclusiones que obtuvieron fue que debía tomar más el sol, que estaba teniendo déficit y no era por la alimentación (tenía más que ver estar todo el día en la biblioteca y salir cuando ya había anochecido, más bien). Y, sin embargo, los jefazos, luciendo sus trajes y sus gordas barrigas (sí, me he enfadado) nos siguen diciendo que somos unos vagos. No digo que no tenga que haber una Normativa de Permanencia, simplemente quiero que pasen una semana en la vida de un estudiante de cada carrera universitaria y comprueben cuál es su realidad. Tan sólo entonces podrán determinar las condiciones necesarias para permanecer o no en la carrera. Y ni eso.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Entre dos tierras

Durante nuestros estudios, y de forma concreta en la práctica clínica, el estudiante de medicina sufre una evolución que consiste en pasar de un lado de la mesa, como paciente (quién más, quien menos ha ido al centro de salud alguna vez) a estar en el otro lado, como médico. Sin embargo, y como he dicho, ese proceso no es instantáneo, y hay una etapa en medio que muchos de los que ya están "al otro lado" parecen haber olvidado.

Cuando estás en prácticas en una consulta, sueles estar detrás de la mesa, junto al médico, pero en muchas ocasiones estás en una posición entre médico y paciente, por lo que puedes ver y analizar el comportamiento de ambos. Es una perspectiva que se pierde cuando estás situada en uno de los dos extremos, y que creo que es muy enriquecedora. Porque no hay que olvidar que nuestra profesión es de cara al público (aunque sea todo privado, entre cuatro paredes y con la puerta cerrada) y tratamos con seres humanos, así que de nada me vale saberme todas las patologías del mundo si después me llega un paciente nuevo y no le digo ni "Buenos días" (aunque, ojo, la educación la debe traer uno ya de casa cuando entra en la carrera).

Nuestros profesores no se cansan de repetirnos que debemos tratar el paciente con "mimo y cariño", que tenemos que respetarle; pero sin embargo vas al día siguiente al hospital y te toca con un médico que ni siquiera mira al paciente a los ojos (y vete tú a decirle algo). Un paciente que ve que no tienes interés en él (o que al menos lo piensa por tu comportamiento), es un paciente que no te va a preguntar algo que le dé mucha vergüenza, por ejemplo, y que puede ser importante a la hora de tratarle.

En fin, me gusta pensar que en mi futura profesión no hay extremos, no hay blancos o negros, sino grises, todo matices; que debemos ponernos en el lugar del paciente (a nadie le gusta estar enfermo, hay que comprender las dudas, los miedos y las inseguridades de esa persona) y del médico (que quiere atender al paciente lo mejor posible y que debe tener en cuenta, y más en estos días, a cuántas personas tiene que atender, el tiempo que tiene para hacerlo, los recursos de los que dispone, etc...; al fin y al cabo es un trabajador más). Y tal vez, sólo tal vez, de esa manera lleguemos a ser grandes médicos. Aunque desde hace mucho opino que, antes de ser buen médico, hay que ser buena persona.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Cuenta atrás

En su momento dije que no me hacía nada de gracia la cirugía, lo cuál es cierto. Sin embargo, no me desagrada otro de los papeles a desarrollar en el quirófano: el del anestesiólogo. En lo poco que he visto, creo que es un médico fundamental y al cuál se le menciona poco (menos si lo que le toca va mal, por supuesto). El anestesiólogo es de las últimas personas con las que hablas antes de dormirte, la última que ves mientras te duermes, y la que está a tu lado mientras te despiertas en quirófano (cosa que no recordarás). No he estado más allá, pero quiero suponer que también pasa a verte a la Sala de Despertares. 

A veces se comenta que la especialidad de Anestesia es la más cómoda: duermes al paciente, controlas todo durante la operación (es decir, estás sentado con un papel delante durante lo que dura la cirugía) y luego lo despiertas. También es verdad que es una de las que más responsabilidades tiene: a la mínima que te equivoques puedes hacerle daño al paciente. Sin embargo, en el tiempo que estuve al lado de los anestesiólogos en el quirófano quise mirar un poco más allá, y lo que vi me gustó. 

Hemos de recordar que la vida es el único patrimonio que tiene una persona, su bien más preciado; no hay que olvidar que una persona te ha autorizado a ti (vil mortal) a mantenerlo vivo durante unas horas. Por eso el hecho de tratarlo por su nombre ("Venga Juan, vaya respirando por la mascarilla, esto es sólo aire"), en un tono amable (casi cariñoso) mientras se queda dormido; ser preciso y a la vez cuidadoso a la hora de intubarlo, despertarle con suavidad una vez ha terminado la cirugía, etc; son aspectos fundamentales. 

Visto desde fuera puede parecer que soy exagerada y que me fijo demasiado en los detalles, pero cuando estás en ello, ventilando al paciente, sientes que sujetas una fina cuerda y una gran responsabilidad. Dentro de los actos que puede realizar un ser humano, tratar con dulzura, paciencia y cariño a quién ha depositado su vida en tus manos me parece de los más extraordinarios.

Ah, y lo de la cuenta atrás...pues para las películas queda.


martes, 30 de octubre de 2012

De puertas y momentos

Se suele decir que los estudiantes de medicina tiramos para médicas o para quirúrgicas. Esto quiere decir que nos llama más la atención hablar con el paciente o rajarle, en resumidas cuentas. Estoy siendo exagerada y recurriendo al tópico, como es obvio. Sin embargo, he decir que mi relación con la cirugía es (de momento) de amor/odio. De amor porque me gusta mucho la teoría (sí, es raro) y de odio porque suelo marearme en quirófano y en última instancia no dejo de imaginarme al cirujano como un carnicero muy bien adornado. Es una exageración, la cirugía es una terapia muy necesaria, pero mi lado emocional no puede dejar de tener en cuenta eso.

En mi primera visita al quirófano tocaba una biopsia de un linfoma no Hodgkin (un tipo de cáncer, para quienes no sean entendidos en la materia). Cuando entré a la sala el paciente ya estaba en la mesa de operaciones, sedado pero aún sin anestesiar. Me acerqué al residente (ese médico casi especialista), que iba a ayudar en la operación para preguntarle qué íbamos a ver. Me explicó un poco por encima y me dijo que el paciente tenía "muy mal pronóstico", con cara de sentencia. Me sentó muy mal el comentario, y tal vez sea sólo una sensación pero, me pareció como si el residente no hubiera tenido en cuenta que el paciente se encontraba allí, alejado, pero a la vez cerca de nosotros y que era posible que supiera ya esa información, pero ¿y si no? ¿Alguien se puede imaginar cuán duro es que comenten (porque ni siquiera te lo están diciendo a ti) que lo tuyo no tiene casi remedio justo antes de operarte? Sentí mucha pena, por el paciente, por el médico y por la situación. Así que cuando, ya empezada la operación, sonó en la radio "Knockin' on Heaven's Doors" de Bob Dylan, no pude evitar pensar que lo que habían hecho era sentenciarlo a muerte sin saber, tocar en las puertas del cielo en su nombre. 





Pasilling

"Pasilling" es el deporte favorito de todo estudiante de Medicina a partir de tercer curso (al menos en mi facultad) y que consiste simplemente en llegar a tu hora a las prácticas y esperar en el pasillo a que el médico de prácticas aparezca. Los partidos, como los de Quidditch, no tienen una duración determinada, terminan cuando aparece el médico, normalmente a los treinta minutos o a la hora, aunque se han dado récords de dos horas.

Da rabia ir a hacer prácticas a un hospital UNIVERSITARIO (lo pongo en mayúscula porque parece que el personal sanitario aún no se ha enterado) y que te aparquen cual mueble. Los estudiantes de medicina no somos seres diestros con dos manos izquierdas, estamos a pocos años de distancia profesional de aquellos que nos dejan a un lado porque "tienen que trabajar" o "no lo vamos a entender". Me gustaría que se dieran cuenta de que dentro de muy poco seremos sus colegas y que si hoy nos enseñan, no nos tendrán que explicar en un futuro, cuando ya sea verdaderamente nuestra responsabilidad legal. 

Sin embargo, y pese a todo,  tengo que decir que he estado un mes haciendo prácticas en el hospital y que ha sido genial. Cuando estás en primero y en segundo de carrera es fácil amargarse porque sientes que no aprendes nada útil. Sin embargo, una vez empiezas a hacer prácticas clínicas, te viene mucho a la mente la frase de "¡Ah, eso lo dimos el otro día en clase¡". Por eso siempre hay que mirar hacia delante y nunca resignarse, siempre hay luz al final del túnel.

domingo, 30 de septiembre de 2012

La vuelta al cole

La vuelta a clase en la universidad es muy distinta a del colegio o el instituto. Nada de presentaciones y papelitos con tu nombre encima de la mesa. No hay que ir con grandes listas a comprar material escolar ni libros. La dinámica de la reincorporación universitaria es distinta y se resume en tres palabras: papeleo, papeleo y papeleo. Y, aunque ya la mayoría de los trámites no son por papel ni hay que hacerlos en persona, los primeros días de clase te pasas la mitad del tiempo yendo de un lado a otro a por certificados e impresos. 

Primero de todo, hacer la matrícula. Para un estudiante que lleva al día sus asignaturas es fácil, coges todo el curso más alguna que te quede y listo. La mayor parte de mis asignaturas son de tercero y luego tengo algunas de cuarto, así que en mi caso matricularse es hacer malabarismos con horarios de clase y prácticas. Solventado este problema hay que enfrentarse a una segunda prueba: marcar la opción a beca. "No hay créditos suficientes" aparece en la pantalla y sabes que es momento de llamar a Administración y preguntar que es lo que puedes hacer en tal caso. Una vez solucionado, continúas con la matrícula. Comprobar que todas los datos están bien, generar el impreso, imprimir, pagar en el banco y llevar a administración. Logro desbloqueado. Al realizar estudios de Grado, tengo la ventaja de no tener exámenes en Septiembre, sino en Julio; así que la matrícula la hago antes de empezar el curso. No pierdo un día de clase, sino un día de verano. No está mal.

Tras hacer la matrícula llegar la incorporación a las clases, que este año se ha caracterizado por llegar el primer día y que no haya un cartel con las aulas en las que está cada grupo, que el Campus Virtual no te diga en que grupo estás hasta pasadas dos semanas del comienzo de las clases, y el ir y venir de fichas. La ficha es ese objeto que algunos profesores siempre piden el primer día de clase, que otros dicen que es necesario, y que otros tantos dicen que sí la habían pedido (cuando nunca lo han mencionado) y que es necesaria para presentarse al examen una vez estás entrando al mismo. Así que tras las primeras clases, bajas a Conserjería y coges un montón de fichas, las rellenas, les pones tu foto y las entregas. Ojalá fuera todo tan fácil. A partir de segundo, mi carrera tiene una peculiaridad, y es que hay asignaturas con múltiples profesores (más de cinco, por ejemplo), que además nunca avisarán de cuando vendrá cada uno. Hay que entregarle la ficha al coordinador de la asignatura, así que es posible que alguna ficha quede triste, sola y abandonada varias semanas en tu carpeta. 

Una vez entregadas las fichas (o mientras esperas para poder entregarlas) lo único que queda es acostumbrarse a la dinámica del nuevo curso que, de momento, puedo decir que va bien. Mañana empiezo las prácticas clínicas de este curso, esperemos que vaya bien.

Yo he venido aquí a hablar de mi libro

La primera entrada de un blog siempre es difícil. "¿Qué digo? ¿Cuento un chiste para empezar y romper el hielo? ¿Digo algo con gancho?". No soy nueva en el mundo del blog, pero sí he cambiado en estilo. Antes escribía un blog sobre literatura (que no tuvo mucho éxito la verdad) y he decidido hacer de la red una aliada y crear éste para hablar de Medicina, pero sin hablar de Medicina.

Soy estudiante de Medicina, mi asignatura más alta es de cuarto. Sí, soy ese 1% raro que se quedó atrás (mira, ya tengo un tema para una entrada). Sé que hay muchos y buenos blogs sobre Medicina y que es difícil aportar algo nuevo, así que simplemente me dedicaré a hablar de mi andadura durante la carrera y comentar el lado no tan bonito de una facultad de Ciencias de la Salud.

Pues bien, una vez hechas las presentaciones, ¿continuamos?